Archives: febrero 2006

La patria: teoría y práctica


Sergio Witz Rodríguez, un poeta del estado de Campeche, fue procesado judicialmente, con base en el artículo 91 del Código Penal Federal, por escribir y publicar un poema titulado “Invitación”, que más tarde se conocería como “La patria entre la mierda”. Acusado de “ultraje a las insignias nacionales”, Witz estuvo a punto de pasar de seis meses a cuatros años en prisión por el hecho de insinuar, en un tono desenfadado y antisolemne, que la bandera le servía –según comentaban los periódicos en su momento- de papel higiénico.
El poema, más allá de sus logros literarios, sirvió para lanzar a la escena nacional el debate de la libertad de expresión, y el tal dice: “Yo me seco el orín en la bandera / de mi país, / ese trapo sobre el que se acuestan / los perros y que nada representa, / salvo tres colores y un águila / que me producen un vómito nacionalista / o tal vez un verso lopezvelardiano / de cuya influencia estoy lejos, / yo, natural de esta tierra, / me limpio el culo con la bandera / y los invito a hacer lo mismo: / verán a la patria entre la mierda de un poeta.”
Sin duda, fue un texto explosivo. El debate se dejó, mas no se ha superado. El mes pasado la revista Letras Libres (Año VIII, número 85) publicó un artículo escrito por José R. Cossío Díaz y Juan N. Silva Meza, que lleva por nombre “Libertad de expresión y símbolos patrios”, en donde se aduce el absurdo del proceso contra el poeta campechano.
Como antecedente, el poeta consagrado José Emilio Pacheco escribe en 1969 un poema titulado “Alta traición”, cuyo contenido resulta en cierta similitud con el de Witz, aunque de una forma más mesurada: “No amo mi patria. / Su fulgor abstracto / es inasible. / Pero (aunque suene mal) / daría la vida / por diez lugares suyos, / cierta gente, / puertos, bosques, desiertos, fortalezas, / una ciudad desecha, gris, monstruosa, / varias figuras de su historia, / montañas / -y tres o cuatro ríos.”
¿Qué hay en el fondo de estos dos ejemplos? Acaso una reformulación del sentimiento patriótico, tan caro en la vida formativa del país. Los honores patrios, es decir, el juramento a la bandera y la entonación del himno nacional, son ese espacio clausurado por la ceremonia, el rito y la veneración laica de un dios al que se le ha llamado patria.
Como muchas de las actitudes mexicanas, nuestro patriotismo es hipócrita. Criticamos la efusión religiosa con que los norteamericanos defienden su territorio o sus leyes y, sin embargo, la bandera estadounidense, símbolo de su nación, puede verse en camisetas, gorras y demás productos, al grado de la banalización. Por nuestra parte, en México portar el lábaro patrio es más sagrado, o sea, más peligroso que traer un crucifijo, aunque eso no implique necesariamente mayor lealtad a la legalidad.
De ahí que históricamente se entiende a la patria no como un territorio, ni como a cien millones de personas, sino como un mero símbolo, un concepto puro en el que, al parecer, no hay cabida para la contaminación con la realidad concreta de las actitudes y los vicios. Que la patria sea el icono representativo de la nación, impide que se voltee la mirada para ver que Witz acaso sólo nos invitaba a hacer lo que, de antemano, sabemos que es moneda corriente. Que nuestro patriotismo raye en una religión secular y por decreto constitucional, impide ver que José Emilio Pacheco parece apelar a la realidad real (y no a la realidad ritual) y afirmar que aquélla quizá sea más importante que un trapo o un concepto inasible.

Entrada de prueba (¿me veo como éste?)


El blogguer y los comentarios me han estado fallando, así que posteo esto sólo para probar que todo se haya arreglado y, asimismo, brindar un servicio frívolo y divertido a la comunidad bloguera: dando clic aquí cualquiera, como yo, puede intentar dibujarse bajo el formato South Park. A ver si les sale el suyo. ¡Suerte!

Chale...

Por querer instalar el haloscan, creo que borré los comentarios. Díganme si los ven por ahí, por favor.

I don't wanna wait for my life to be over...