Filósofo cínico



Cuando Alejandro Magno le preguntó a su maestro Diógenes que si qué podía hacer por él, éste le contestó que podía hacerse un lado, pues su figura le tapaba el sol.

Sentencias


Adolfo Castañón tradujo y publicó hace un buen de tiempo (Vuelta, núm. 193, diciembre de 1993) un cúmulo de sentencias que Montaigne, el ensayista francés, agrupa como “semillas de sus ensayos” y que figuran, según Castañón, en la obras de Montaigne en las lenguas originales: griego y latín.
Para algunos, estas sentencias, citas citables, frases célebres, muy típicas de Selecciones de Readers Digest y de otras publicaciones de erudición y alta cultura nula, les parecerán inocuas o de hueva. Incluyo en este tipo de lectores-blogueros a aquellos que se niegan a ser “moralizados” con estas “dosis de sabiduría”, muy al estilo de las lecturas edificantes. No obstante, para otros, más curiosos, reflexivos y convergentes, les será una lectura interesante. Así que, fiel a mi instinto de reproducir casi religiosamente lo que leo, héanlas aquí:

“El fin del saber para el hombre está en considerar como bueno lo que lo que suceda y no en preocuparse de lo demás.” Eclesiastés

“Dios ha dado al hombre el gusto del conocimiento para atormentarlo.” Eclesiastés

“El viento hincha los odres vacíos; la fatuidad a los hombres sin juicio.” Estobeo, Sentencias

“La vida más dulce consiste en no pensar en nada.” Sófocles, Áyax

“No es de esta otra forma ni de la otra, ni de ninguna de las dos.” Sexto Empírico, Hipotiposis, I, 19

“La noción de todo el mundo de cosas que Dios ha hecho está en nosotros –tanto de las mayores como de las menores.” Eclesiastés

“Pues veo que, en la medida en que somos, no somos nada más que fantasmas o, apenas, una leve sombra.” Sófocles, Áyax, citado por Estobeo en De Superbia

“¡Oh, desgraciados espíritus de los hombres! ¡oh corazones ciegos! ¡En cuantas tinieblas de vida y en cuantos peligros transcurre el poco tiempo que tenemos!” Lucrecio, La naturaleza de las cosas, II, 14

“Quien por ventura se toma por un gran hombre, se verá abatido completamente al primer pretexto.” Eurípides, citado por Estobeo en De la soberbia

“Todas las cosas, junto con el cielo y la tierra, no son nada junto al gran Todo.” Lucrecio, La naturaleza de las cosas, VI, 678

“¿Has visto algún hombre sabio en su propia opinión? Más esperanza hay del necio que de él.” Proverbios 26: 12

“Así como ignoras cómo está unida el alma al cuerpo, así ignoras la obra de Dios.” Eclesiastés, XI, 5
“Puede ser así y puede no ser así” Sexto Empírico, Hipotiposis, 1, 22

“Lo bueno es admirable.” Platón, Cratilo

“El hombre es de arcilla”. Anónimo

“No seáis en vuestra propia opinión.” San Pablo en los Romanos, XIII, 16

“La superstición obedece al orgullo como a su padre.” Estobeo, De la soberbia

“Dios no deja que nadie, salvo él mismo, se enorgullezca.” Anónimo

“No temas ni desees tu último día.” Marcial, Epigramas, X, 47

“… porque no sabes qué es lo mejor: si esto o aquello o lo uno y lo otro es igualmente bueno.” Eclesiastés, II, 6

“Soy un hombre, considero que nada humano me es ajeno.” Terencio, Heautontimorumenos

“No por temor a ser estúpido seas más sabio de lo necesario.” Anónimo

“Y si alguno presume de su saber, no sabe aún qué es saber.” San Pablo a los Corintios, 7, 2

“Si piensa que es algo, el hombre que es nada, se seduce y engaña.” San Pablo a los Gálatas, 6, 2

“No seáis más sabios de lo necesario; sed sabios con sobriedad.” San Pablo a los Romanos, XII, 3

“Ningún hombre ha sabido ni sabrá nada de cierto.” Jenófanes. Tomado de Sexto Empírico

“¿Quién sabe si morir es lo que se llama vivir y si morir es vivir?” Eurípides, citado por Estobeo

“Todas las cosas son demasiados difíciles para que el hombre pueda comprenderlas.” Eclesiastés

“Se pueden decir muchas palabras en un sentido y en otro.” Homero, Ilíada, XX, 249

“La especie humana está excesivamente ávida de cuentos.” Lucrecia, De natura rerum, IV, 598

“Cuánta inanidad de las cosas.” Persio, I, I

“Vanidad por todas partes.” Eclesiastés

“Guardar la medida, observar el límite, seguir la naturaleza.” Lucano, Farsalia

“¿Por qué glorificarte, tierra y ceniza?” Eclesiastés

“¡Ay de los sabios en sus propio ojos!” Isaías, V, 22

“Goza agradablemente del presente; lo demás está fuera de ti.”Anónimo

“A cualquier razonamiento se le puede oponer un razonamiento de igual fuerza.” Sexto Empírico, Hipotiposis, 1, 6

“Vaga nuestro espíritu en las tinieblas y, ciego como está, no puede distinguir lo verdadero.” Michel del l’Hospital

“Dios ha hecho al hombre semejante a la sombra. ¿Quién la juzgará a ella cuando se desvanezca al alejarse la luz?” Eclesiastés

“Nada es cierto sino la incertidumbre, y nada hay más miserable y más orgulloso que el hombre.” Plinio, Historia natural

“De todas las obras de Dios, ninguna es tan desconocida a cualquier hombre como los vestigios del viento.” Eclesiastés

“Cada uno de los dioses y los hombres tiene sus preferencias.” Eurípides, Hipólito

“La opinión que tienes de tu importancia te perderá porque te crees alguien.” Anónimo

“Los hombres se atormentan por la opinión que tienen de las cosas, no por las cosas mismas.” Epicteto, Enriquiridión, X, en Estobeo

“Conviene que el mortal tenga pensamientos que no se aceleren por encima de los hombres.” Eurípides, Cólquida, tomado de Estobeo

“¿Por qué fatigar tu espíritu con proyectos eternos que lo sobrepasan?” Horacio, Odas, II, XI, XII

“Los juicios del Señor son un profundo abismo.” Salmos, 35, 7

“Yo no decido nada.” Sexto Empírico, Hipotiposis, I

“No comprendo.” Sexto Empírico, Hipotiposis, 23

“Suspendo mi juicio.” Sexto Empírico, Hipotiposis, 26

“Yo examino.” Sexto Empírico, Hipotiposis, 26
Colofón:
"No es malo ser malo." Inepola, MSN

Ay, Cantinflas...

Monstruo de cuatro cabezas

Como los cuatro puntos cardinales, los cuatro caminos del Tawantinsuyu andino, como los cuatro fantásticos y las cuatro esencias (agua, viento, fuego, tierra)...

Basura demagógica


ADVERTENCIA: Este artículo trata netamente de política. Prometo no volver a escribir algo así. Una disculpa.
Jorge Luis Borges decía que soñaba con un país en donde los ciudadanos no supieran el nombre del presidente. Esto suponía que, independientemente de quién estuviera en el poder, los asuntos públicos marcharían bien. Pero ése era sólo un sueño del escritor argentino. No es la realidad mexicana. Si cada pueblo tiene a los gobernantes que se merece, es porque hemos preferido la demagogia, ese detergente para lavar cerebros. El diccionario la define como “dominación de la plebe”, “política que halaga las pasiones de la plebe”. Y éste es el caso López Obrador, quien este viernes 12 de agosto estará en Hermosillo haciendo lo que sabe hacer: campaña.
El consagrado perredista Andrés Manuel López Obrador es la imagen viva del populismo taimado a la manera de Roberto Madrazo. Es la otra cara de la moneda, el reverso del priísta, no su contrario, pues los dos poseen características similares: despotrican contra el neoliberalismo y se santiguan ante el altar del tan llevado y tan traído pueblo. “El pueblo se cansa… de tanta pinche tranza”–profirió Obrador, despertando, por supuesto, simpatías y elogios. Al fin, dicen los crédulos ciudadanos, alguien que nos comprende. Subió su popularidad. No olvidemos, sin embargo, que popular era la Adelita entre la tropa.
Halagar las pasiones de la plebe no es sino decirle a la gente lo que quiere escuchar, no lo que necesita. Al cuestionar algunos de los puntos del proyecto político de López Obrador, me contestaba una señora, casi suspirando: “dio un discurso muy bonito”. Ante eso, ni hablar. No hay, al parecer, más argumento razonable. No, no lo hay en el país de los monstruos demagógicos. En ese sentido, la campaña presidencial de Vicente Fox fue igualmente demagógica: 15 minutos de Chiapas, virgen de Guadalupe. Carlos Castillo Peraza lo llamó “populismo de derecha” tan peligroso como el de izquierda. Pero ante López Obrador estamos ante un personaje más complejo y peligroso para la construcción de la democracia. No deja de causarme ruido el afán del tabasqueño por ofrecer diariamente conferencias de prensa que eran, en realidad, discursos. Me recuerda al venezolano Hugo Chávez, incansable orador. Me recuerda a Fidel Castro, cuyas peroratas televisivas apabullan hasta al más paciente.
Este afán de protagonismo es preocupante y síntoma de un problema más grande: la demagogia, entendida como el interés de figurar alto en las encuestas y los referéndums. No hay nada como aparecer en el noticiario haciendo declaraciones de prensa, realizando campañas que, como el “escándalo” del desafuero, dividen al país entre los buenos y los malos como si todos los mexicanos fuéramos parte un filme hollywoodense. Sólo la irresponsabilidad de los perredistas pudo llamar, en ese momento, a una movilización nacional. Recordemos la teoría del complot tan polarizante como un imán. Una falacia, una estrategia discursiva clásica del caudillismo. El mesías prometido se vería obstaculizado por las fuerzas obscuras del poder federal. Por Dios.
En general los latinoamericanos tenemos una tendencia natural al personalismo. De buena fe, confiamos más en la gente por su palabra que en los proyectos viables. Craso error. Ésa es acaso la causa de la demagogia. El sueño de Jorge Luis Borges no se hará realidad: Nunca olvidaremos el nombre de los políticos, pues diariamente aparecen en televisión como estrellas públicas. El caso López Obrador, ni se diga, un sexenio más de basura demagógica. Y conferencias mañaneras de prensa.