Entrada de prueba (¿me veo como éste?)


El blogguer y los comentarios me han estado fallando, así que posteo esto sólo para probar que todo se haya arreglado y, asimismo, brindar un servicio frívolo y divertido a la comunidad bloguera: dando clic aquí cualquiera, como yo, puede intentar dibujarse bajo el formato South Park. A ver si les sale el suyo. ¡Suerte!

Chale...

Por querer instalar el haloscan, creo que borré los comentarios. Díganme si los ven por ahí, por favor.

I don't wanna wait for my life to be over...

Los 50 puntos


Advertencia: La siguiente entrada es abiertamente política y con motivo de la "entrada triunfal" de Andrés Manuel López Obrador (candidato del PRD a la presidencia de la república) a la ciudad de Hermosillo, Sonora, este viernes 27 de enero.
“Por lo mucho que el pueblo ha luchado, la alegría está por llegar” –reza en tono mesiánico como encabezado el panfleto político distribuido a nivel nacional por el candidato presidencial del PRD. Como sabemos, y como si no nos pudiera quedar claro, el tabasqueño plantea, desde su ronco pecho, en 50 puntos su llamado proyecto alternativo de nación, o lo que el mismo texto dice: “50 compromisos para recuperar el orgullo nacional.”
De lo cual uno infiere que, a la luz de este ominoso discurso y según este rayo de esperanza chontal, en estos momentos no existe en México algo parecido al orgullo nacional. Claro, excepto que López Obrador resultara electo como presidente de la república. Así, con la misma lógica, las encuestas son buenas, veraces y citadas al cansancio cuando resultan favorables. De otra manera, se despotrica con “al diablo con esas encuestas” (sic).
Describir ese texto como demagógico e irrealista sería otorgarle un barniz de respetabilidad a esos términos, así que no lo haré. Cualquier persona más o menos razonable cuestiona si realmente el país recuperará lo que López Obrador entiende por orgullo al afirmar en el punto 32 que se convertirá a las Islas Marías en un centro ecoturista, un paraíso donde “la recreación, la educación y la convivencia con la naturaleza serán los temas principales.” ¿A qué novela se está refiriendo? Que alguien me explique.
Pero atendiendo a partes más medulares tales como la economía, la justicia social y el desarrollo, el texto insiste en los lugares más comunes de las peroratas políticas: se acabará con la corrupción, se garantizarán los derechos constitucionales, se otorgarán becas aquí y allá, se reforzará la educación pública gratuita, se fomentará la cultura, la investigación científica, etc. López Obrador nos dice el qué, pero –salvo en algunos puntos vagos e imprecisos- no nos dice el cómo.
Si alguna alegría está por llegar, debería traer mínimamente proyectos viables y serios bajo el brazo, no sólo panderetas jubilosas y verborreas acerca de lo que se hará si se llega al poder. Un proyecto de nación no debe ser considerado sólo porque sea enunciado elocuentemente ante un micrófono, sino porque sea realmente un proyecto. López Obrador afirma que el suyo es alternativo, lo cual es una forma elegante de decir que no es ni priísta ni panista y que, por más que insistan los economistas informados de la conveniencia de lo contrario, su gestión consistirá en gastar más y más en burocracia gubernamental y en pomposas obras públicas en detrimento, a largo plazo, del pueblo, esa masa amorfa e impersonal que aparentemente tanto defiende.
“Nuestro anhelos sí se harán realidad. Por fin nuestras riquezas nos beneficiarán a todos” –figura a manera de suspiro en la contraportada del panfleto. Es triste cómo, en aras de una campaña típicamente política, es decir, por el poder, se ensarten frases tan gastadas como increíbles. Frases que sólo reflejan, en su evidente cursilería, una desmesurada ilusión hinchada por la retórica y la impostura. Frases que, salidas de alguien cuyo secretario de finanzas apostaba dinero público (“nuestras riquezas”) en Las Vegas y que después responsabiliza a la PGR de cualquier incidente contra su miembro del gabinete, sólo reflejan una total irresponsabilidad e incoherencia moral. O al menos, una falta tremenda de memoria.
Sin embargo, como dice el punto 50: “El pueblo es soberano: así como otorga un mandato, puede retirarlo. El pueblo pone y el pueblo quita.” ¿Será?

Turquía y yo


Un amigo mío me instaba atentamente a registrarme en Hi5, una de esas invenciones virtuales utilizadas para, de alguna manera soterrada, mantenernos enajenados a la red. Después de un breve llenado de datos personales, uno es publicado con la esperanza de que otros igualmente enajenados le envíen la invitación que le pregunta si puede uno ser su amigo. Así, llanamente, la amistad a partir de un solo clic. Y bien, como el tipo normal y adaptado al mundo que soy, me registré sin cuestionamientos.
Hace poco abrí mi correo y me topé con la agradable sorpresa de tener la invitación de una chica turca. Sí, de Turquía, un país musulmán cuya geografía e historia representa un caso híbrido y particular, pues se debate, hoy, entre la religión y el secularismo de la democracia occidental. Sobre todo, con lo que tiene que ver con los derechos y papel de la mujer. Turquía es el país “menos musulmán” de los países musulmanes, en el sentido de que el grado de secularización alcanzado en las últimas décadas es más o menos notable: se dice que es ya común ver a mujeres con el ombligo al aire por las calles de Estambul o Ankara. Un hecho inaudito en Irán o en otros países del Medio Oriente. Y vaya que son atractivas las turcas.
Ubicada sintomáticamente una parte en Asia y otra en Europa –la península asiática, “Anatolia” (97%) y la parte europea, “Tracia” (3%)—, Turquía tuvo su reforma liberal a partir de la figura de Kemal Atartuk, quien en 1923 instituyó una democracia parlamentaria, separó la religión del Estado y cambió los caracteres árabes del turco a caracteres latinos.
De esa manera, los turcos aprenden con accesibilidad hegemónica el idioma inglés: Özlem y yo platicamos en nuestro inglés improvisado, globalizado... Una plática que tiene miras en la visión de la otredad como con nostalgia de un tiempo mental del que fuimos arrebatados por la contingencia nosotros, quienes nos creemos universales y pretendemos –siguiendo un abc del cosmopolitismo— reconocernos en la viñeta oblicua de otras latitudes. Para mayor claridad, diría un pedante, lo diré así: el eidetismo de la fenomenología. (Perdón, pero quería usar pedantemente esa palabra en mi blog). Claro, aunque ese reconocimiento concretamente a veces tenga que ver más con Linking Park, Metallica, Marilyn Manson, que con otra exquisitez de la esencia humana. O tal vez, la esencia humana contemporánea sea Linking Park, Metallica y Marilyn Manson.
Hi5 llega a Turquía, como a todo al mundo donde hay acceso a la matrix-red, permitiendo la intercomunicación entre los diversos miembros del planeta. Sin embargo, la globalización no es tan brutalmente eficaz o unipolarizante como arguyen los críticos, nacionalistas celosos de las fronteras políticas-económicas y las identidades culturales. A veces, no dejo de sentir algún tipo de extrañamiento frente al complejo mosaico de implicaciones diferenciadoras entre una bella chica musulmana de 21 años de Ankara y un ente suburbano y tercermundista como puede ser, por ejemplo, yo.
Tal bifurcación se refleja también en la disputa política de la incorporación de Turquía a la Unión Europea, lo que haría más patente su occidentalización. Turquía quiere ser europea y, sin embargo, es aún la otra. Con el estigma religioso del Islam, carga a cuestas una tradición sospechosa para el ojo moderno que no concibe que una sociedad crea en un Dios omnipotente, ore cinco veces al día y lea a pie juntillas su libro sagrado. El paralelo de esta idiosincrasia con la tradición cristiana es innegable por razones de índole histórica, pues, según la Biblia (Hechos 11: 26), es en Turquía donde se llamó por primera vez cristianos a los discípulos de Jesús de Nazareth. Más tarde, el emperador Constantino declararía en Constantinopla el cristianismo como la religión del imperio romano. Esta ciudad, a la postre, se convertiría en Estambul con la invasión del imperio otomano (1453 d. C.), dejando de ser el bastión del cristianismo bizantino para ser lo que es hasta nuestros días: una comunidad musulmana con raíces cristianas muy recónditas.
Éstas son las bondades del fenómeno global del Internet: te permite conocer a gente cuyo lugar de origen es remoto a ti tanto física como culturalmente. Asimismo, como en la suerte de una prestidigitación, te brinda la convivencia de sujetos diferenciados –ya sea por no creer en Muhammad o por no creer que Dios tenga un Hijo— aunque hermanados. Definitivamente, sin dejo de ironía, el sistema funciona.